Coctelería: relaciones especiales

Un cóctel como bebida de bienvenida. Año, 1998.  Lugar, un restaurante muy cerca del mar. Nombre, elBulli. Al leer este nombre, intuye el lector que ese gesto simple, sencillo, en apariencia intrascendente como muchos otros gestos, acciones y decisiones que allí se tomaron, dejó una estela llena de bonitas e interesante consecuencias.

Coctelería y gastronomía se reconocen como afines y viajan juntas de la mano abriendo un camino de múltiples y atractivas posibilidades.

Desde esa bienvenida hasta nuestros días, no solo han pasado casi veinte años. La gastronomía ha evolucionado como evoluciona todo cuando se logra a base de revoluciones. A pasos agigantados, se han democratizado términos como deconstrucción e inversión, y técnicas como la gelificación, esferificación, carbonatación, entre otras, y se han colado en nuestras cocinas cada vez menos domésticas y más experimentales. Sabemos que los alimentos tienen texturas y que se pueden invertir, creando trampantojos y otros muchos juegos, por ejemplo. Pero la coctelería no se ha quedado atrás, ha ido evolucionando en paralelo a la gastronomía, como esa hermana discreta y tímida, a la que le ha llegado la hora no sólo de ser protagonista de la escena gastronómica cultural, pero también de decir, de aportar y de sumar. Coctelería y gastronomía se reconocen como afines y viajan juntas de la mano abriendo un camino de múltiples y atractivas posibilidades.

El arte del cocktail se ha convertido en una auténtica cultura urbana

El arte del cocktail se ha convertido en una auténtica cultura urbana. La integración del cocktail en el plato se ha establecido como una tendencia en auge para este 2017.  Bartenders y cocineros trabajan codo con codo y en paralelo para sorprendernos en gustos, sabores y texturas.  Desde las propuestas de alta cocina como los cócteles sólidos de elBulli, el Barmini de José Andrés a propuestas democratizadoras que se alzan en formatos ya consolidados como los Cocktails Bar; hoy en día podemos disfrutar de un buen bocado y un sofisticado trago en hoteles, restaurantes y terrazas. En Barcelona se manifiesta en propuestas concretas como las de Shasha Bar, SolangeBobby’s FreeThe Market Perú,  Paradiso, el Libertine de Casa Bonay, Hallo del hotel Monument o el The Corner en el hotel Grand Marina o en el Mandarín Oriental con su Banker’s Bar entre otras.  Propuestas que conviven con otro tipo de formatos creativos  que apuestan firmemente por la interacción gastronomía-coctelería de forma rotunda fusionando la pastelería y mixología en la creación de cócteles casi comestibles como son lo que proponen 80-20ml. Un dúo que va a dar que hablar.

Pero no vamos a olvidarnos de la elegancia, el saber hacer, y la vocación al servicio de los clásicos. Porque ¿qué sería de Barcelona sin lugares entrañables como el Caribbean o el Belvedere?, donde personas sabias como Juanjo González y Ginés Pérez nos acogen en sus barras y nos miran a los ojos mientras nos sirven ese trago que necesitamos y aún no sabemos. Sabiduría y creatividad en una misma ciudad ¿How luckies we are?